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Identidades e historias urbanas en la Rusia ártica

Norilsk, urbe polar, capital del níquel

La Unión Soviética, sin grandes miramientos por los pueblos autóctonos ni por un medio ambiente frágil, explotó desde muy temprano los recursos energéticos y mineros más allá del círculo polar desplazando una cantidad importante de mano de obra forzosa o del Movimiento de Pioneros. ¿Están las ciudades árticas rusas como Vorkutá condenadas a desaparecer? ¿O perdurarán, como Norilsk, atrayendo a nuevos voluntarios hacia una aventura tan apasionante como dolorosa?

por Marlène Laruelle y Sophie Hohmann, julio de 2016

La ciudad de Norilsk, levantada en medio de la tundra, está a cuatro horas en avión (3.000 kilómetros) de Moscú y a cuatro días en barco de Krasnoyarsk, la gran ciudad del sur siberiano. Ningún tren ni ninguna carretera conectan esta región con el resto de Rusia. Situada a 69° de latitud norte, la ciudad ártica se enorgullece de ser la urbe más septentrional del mundo. El invierno dura allí nueve meses, hay 280 días de nieve al año y 150 de purga (tormenta de nieve). Durante casi dos meses, el sol desaparece totalmente y la temperatura media en enero se sitúa por debajo de los -28 ºC.

El 18 de julio de 2015, durante uno de esos largos días de verano en los que no se pone el sol, las autoridades locales desfilaron junto al oligarca Vladímir Potanin –el hombre que “vale” unos 12.000 millones de dólares–. El afortunado propietario (...)

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