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Giorgia Meloni, Javier Milei o Donald Trump: el filón de la transgresión

La autenticidad, ¿una virtud política?

La historia ha asociado tan estrechamente política y cortesía —al menos en apariencia— que la zafiedad ha acabado convirtiéndose en una forma de transgresión. Está emergiendo un nuevo estilo de dirigente, hecho de amenazas, insultos y motosierras. Sus partidarios se presentan como “auténticos” frente al establishment. Pero su respuesta al descrédito de la política institucional contribuye a agravarlo.

por Daniel Zamora y Guillaume Orignac, junio de 2026
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FRANZ-XAVER MESSERSCHMIDT. — De la serie “Kopfstücke” (‘Estudio de cabeza’), 1770-1783

Cuando participaba en el programa de telerrealidad The Apprentice, en el cual contrataba y despedía a aspirantes a empresarios, Donald Trump se jactó de haber sido calificado como el “mejor actor de televisión”. No obstante, como precisó el propio multimillonario, “yo no actúo. Me limito a ser yo mismo”. Una observación que revela las ambivalencias de un género en el que se mezclan el dramatismo guionizado y las reacciones auténticas. En cierto sentido, la conducta de Trump se mostraba a la vez de conformidad y en desacuerdo con las convenciones del programa. De conformidad, porque el futuro presidente aportaba a la televisión un conjunto de atributos ya asociados a su imagen pública: la de un hombre de negocios que navega entre la seducción y la intimidación (...)

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