En nombre de la amistad polaco-soviética, durante mucho tiempo los regímenes comunistas de posguerra prefirieron dejar en la sombra las limpiezas étnicas que habían hecho desaparecer a las minorías polaca y ucraniana que vivían a un lado y otro de su frontera común. Pero estos episodios resurgieron a principios de la década de 1990, lo que prueba que la memoria colectiva había preservado el recuerdo de aquella violencia. A lo largo de las tres décadas siguientes, su relato ha fluctuado en función de las reconfiguraciones políticas que han experimentado ambos países.
El 3 de agosto de 1990, tras la caída del régimen comunista en Polonia, el Senado de este país condenó la operación Vístula de 1947, en la que los ucranianos fueron expulsados de las inmediaciones de la frontera oriental para ser instalados por la fuerza en los antiguos territorios alemanes que pasaron a manos de Polonia tras el final de (...)


