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Un estatuto llamado deseo

A pesar de todos los ataques que ha padecido desde hace tres décadas, el régimen de jubilaciones francés sigue concibiéndose como un derecho al salario continuado. Una lógica que merecería ser no solo preservada, sino extendida.

por Bernard Friot y Nicolas Castel, enero de 2020

En Francia, un conflicto secular opone dos visiones distintas sobre la jubilación. La primera, nacida en 1853 en el seno de la administración pública, considera la pensión como una continuación del salario: los pensionistas son trabajadores liberados del mercado de trabajo. La segunda, establecida en 1850 con la aparición de la Caja Nacional de Pensiones para la Vejez, convierte las pensiones en la contrapartida de las cotizaciones.

En la actualidad, el enfoque adoptado mayoritariamente es el primero. Con la creación en 1946 del régimen general unificado de la Seguridad Social gestionado por los trabajadores, el sistema de pensiones de la función pública se extendió al sector privado. A cierta edad, la pensión sustituye un salario de referencia calculado en función de los trimestres validados, siempre que se haya percibido una remuneración mínima, sin tener en cuenta el importe cotizado por el interesado. Los pensionistas del régimen general tienen derecho a un (...)

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