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¿Una nueva ‘edad de oro’ de la televisión?

Series de televisión para un público culto

Antes eran consideradas como distracciones baratas, pero las nuevas series de televisión ya se van acercando al estatuto de obras de arte. Algunas de ellas presentan personajes profundos, audacias formales e intrigas sacadas de la realidad cotidiana. El público culto las admira. A pesar de que son productos destinados a conquistar mercados según estrategias inventadas por el canal HBO.

por Arnaud Rindel y Dominique Pinsolle, agosto de 2011

“Hoy, en Francia, todavía es imposible decir que a uno le gustan las series de televisión”. Tal era la amarga constatación que, hace poco más de una década, formulaban Alain Carrazé y Martin Winckler, dos de sus más ardientes defensores franceses. Desde entonces, la situación parece haberse invertido. Las series invadieron la prensa, son objeto de coloquios universitarios y de obras que subrayan su profundidad filosófica. ¿Cómo explicar este repentino “retroceso de las prevenciones de los medios ilustrados con respecto a la televisión”?

Los orígenes de lo que ya se ha acordado en llamar la “televisión de calidad” se remontan a principios de los años 1970, cuando la aparición del reproductor de vídeo, de los canales de televisión por cable y del satélite puso fin al monopolio de las grandes redes estadounidenses (CBS, National Broadcasting Company [NBC] y America Broadcasting Company [ABC]) sobre la difusión en los hogares. Al dejar de (...)

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