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Programadas para dominar

La hostilidad de las máquinas

por Jean-Noël Lafargue, agosto de 2011

No es difícil experimentar la violencia de las puertas automáticas del metro de París. Una falta de atención, un mal movimiento, una mochila un poco más ancha, un niño que llevamos de la mano y no se da prisa… y la tenaza de goma tritura los hombros o golpea las sienes. La aventura hace sonreír a los usuarios cotidianos del metro: adaptados a las máquinas. Las mismas víctimas culpabilizan únicamente a su propia torpeza. Pero imaginemos por un momento que esas puertas automáticas se reemplazaran por vigilantes encargados de distribuir bofetadas o golpes a los clientes que no circulan a la velocidad adecuada: sería escandaloso, insoportable. Sin embargo, aceptamos ese trato de las máquinas, porque sabemos que no piensan. Entonces consideramos que no las mueve ninguna mala intención. Error: los autómatas no tienen conciencia de sus actos, pero obedecen siempre a un programa, intencionalmente regulado. En algunas ciudades hay máquinas (...)

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