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una misma etiqueta para todos los que se oponen a las políticas de Bruselas

“Populismo”: itinerario de una palabra errante

Las elecciones europeas del pasado mes de mayo han sido ­testigo del crecimiento de partidos hostiles a las políticas que se llevan a cabo en el seno de la Unión Europea. Aparte de esa oposición, dichas formaciones políticas no tienen nada en común: mientras que unas actualizan la ideología nacionalista y conservadora de la extrema derecha, las otras reivindican la izquierda radical. Pero parece que esta distinción se pasa por alto. ¿Cómo se ha podido imponer tal confusión?

por Gérard Mauger, julio de 2014

Dos días antes del escrutinio europeo del 25 de mayo pasado, en su primer acto de campaña, en Villeurbanne, el primer ministro francés Manuel Valls hizo un llamamiento solemnemente a la “insurrección democrática contra los populismos”. “Populismo”: ¿quién no ha escuchado, en boca de encuestadores, periodistas o sociólogos, esa palabra comodín con la que se alude, aleatoriamente, a todos los opositores –de izquierdas o de derechas, votantes o abstencionistas– a las políticas implementadas por los organismos europeos?

La inconsistencia del sustantivo “populismo” responde, en parte, a lo variado de sus usos. En el ámbito político, la historia de esa etiqueta evidencia la amplitud del espectro que abarca: desde la visión idealizada de los campesinos, mistificados por el populismo ruso (narodniki) hasta la revuelta de los granjeros del People’s Party de Estados Unidos a finales del siglo XIX; de los populismos latinoamericanos (Getúlio Vargas en Brasil, Juan Perón en Argentina) al macartismo; (...)

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