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Una tregua en una relación tumultuosa

Pekín y Moscú: cómplices pero no aliados

El encuentro del 16 de julio entre Donald Trump y Vladímir Putin, destinado a normalizar las relaciones ruso-estadounidenses, se ha vuelto confuso: una razón para llevar un poco más a Rusia a los brazos de China, a pesar del desequilibrio de poder entre ambos países. Moscú y Pekín han reforzado sus vínculos; sin embargo, ambos defienden sus intereses… que no siempre coinciden.

por Isabelle Facon, julio de 2018

A pesar de que, en Occidente, los analistas revelan con frecuencia, y con razón, los desequilibrios de poder entre Rusia y China que, según ellos, no pueden más que comprometer su cooperación a largo plazo, los dirigentes de ambos países no dejan de comunicar la solidez de su alianza y de mostrar una gran confianza mutua.

Desde la crisis internacional provocada por la anexión de Crimea y el conflicto en el Donbás, en 2014, la relación bilateral ha pasado, según un politólogo ruso, a la fase de la “concordia”. Lo que significa “empatía y comprensión mutuas al nivel político más elevado; mayor acceso de las sociedades chinas a los recursos energéticos de Rusia; mejor acceso del Ejército Popular de Liberación a la tecnología militar rusa y más ocasiones para utilizar el territorio de Rusia en proyectos de infraestructura con el fin de unir China y Europa”.

En efecto, se han superado etapas (...)

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