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Partituras (ex) yugoslavas

El artista nunca habita en una torre de marfil. Así, cuando las pasiones políticas se intensifican, las opciones ideológicas se materializan a través de la elección de formas artísticas. De la “novi val” (nueva ola) al turbofolk, el rock, desde Serbia hasta Croacia, se ha enfrentado a los nacionalismos, para rechazarlos o para darles voz.

por Laurent Geslin y Simon Rico, enero de 2014

A comienzos de 1992, los duros combates entre el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), las milicias serbias y la Guardia Nacional croata, ya llevaban casi un año. Es entonces cuando tres grupos de rock entre los más influyentes del país, Ekatarina Velika (“Catalina la grande”), Elektricni Orgazam (“Orgasmo electrónico”) y Partibrejkers (“Los Aguafiestas”), todos originarios de Belgrado, formaron el colectivo antiguerra Rimtutituki. La radio independiente de Belgrado B92, desafiando al poder nacionalista del presidente Slobodan Milósevic, difundió el primer tema de su disco pacifista.

El 4 de abril de 1992, Partibrejkers y Elektricni Orgazam dieron su último concierto en Sarajevo. La guerra está a las puertas de la ciudad: dos días más tarde quedará sitiada. Muy golpeada por la crisis económica, desestabilizada por una corrupción endémica, y por la muerte –en 1980– del mariscal Josip Broz Tito, Yugoslavia no pudo ­resistir a la caí­da del muro de Berlín ni al aprovechamiento político (...)

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