
- DARWIN ESTACIO MARTÍNEZ. — Días de lluvia, 2014
Desde 2008, más de la mitad de los habitantes del planeta vive en un entorno urbano. En Francia, donde ese umbral se alcanzó en 1931, la proporción asciende a ocho de cada diez personas. Hubo un tiempo en que estas concentraciones, donde la miseria se codea con la abundancia, sembraron la utopía de un socialismo singular (“¿Construir el socialismo en una sola ciudad?”). Pero en el gobierno local, enredado en las lógicas de mercado y la tecnificación administrativa, menudean los patinazos. En tal municipio, la desindustrialización favorece el auge de la ultraderecha (“En Mosela, una lista ‘obrera y solidaria’”); en tal otro, el transporte gratuito acaba siendo un arma de doble filo (“Montpellier apuesta por el transporte público gratuito”). Durante mucho tiempo celebrado por su representatividad, el poder municipal agrava las desigualdades (“Alcaldes en campaña”). Y su limitado margen de maniobra le impide satisfacer una de las necesidades más fundamentales de la humanidad: la de vivienda (“La factura oculta de la vivienda”).


