El Salvador, durante mucho tiempo sinónimo de guerra civil y escuadrones de la muerte, se dio a conocer luego por la violencia de sus pandillas, pero esta imagen está en camino de volverse a su vez obsoleta. Bajo la presidencia de Nayib Bukele —en el poder desde 2019 y reelegido para otros cinco años en 2024 con cerca del 85% de los sufragios—, las dos principales pandillas que desgarraban el país —la Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio-18 con sus dos facciones, los Revolucionarios y los Sureños— han sufrido un fuerte revés. Sus miembros están en la cárcel, cuando no se han desvanecido como por ensalmo.
En la década de 2010, la violencia llegaba a niveles comparables a los de Irak o Siria, pero en 2024 la tasa de homicidios experimentó un descenso del 98% en comparación con mediados de la década precedente. Tras esta transformación hay un tratamiento de choque: el (...)


