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La amarga constatación de un activista antirracista

“Mi vecino vota al Frente Nacional”

¿Supone la lucha contra un partido condenar a aquellos a los que éste ha conseguido atraer? Un activista de largo recorrido en diversas organizaciones antirracistas de extrema izquierda reflexiona sobre las formas de lucha que ha empleado, sin éxito, contra el Frente Nacional. Su testimonio ayuda a comprender cómo la formación de Marine Le Pen ha logrado convertirse en uno de los actores decisivos de las próximas elecciones presidenciales en Francia.

por Willy Pelletier, enero de 2017

He participado, con alegría, impulso y sensación de servir, en “golpes” contra los mítines del Frente Nacional (FN), en la denuncia de “casos” en los que éste estaba implicado, en demostraciones “expertas” de la incoherencia de sus programas, etc. Esas indignaciones no impiden que se vote a Le Pen. Incluso podemos preguntarnos si el sentimiento de superioridad moral de esos arcángeles exterminadores que no conocen ni a un solo “votante” de Le Pen, ni a un solo afiliado al FN y que los imaginan poseídos por oscuras pasiones, brutales, espantosas, no demuestran, sobre todo, su propio “racismo de clase”.

Dos ejemplos entre muchos otros. El comunicado de la Liga de los Derechos Humanos del 15 de noviembre de 2013 se titula: “¡Conjuremos la estupidez y el cinismo, rechacemos el odio y el racismo!” y denuncia “una estupidez y una ignorancia que se infiltran en todos los engranajes de la vida social”. (...)

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P.-S.

Este texto es una extracto traducido de la contribución titulada “Contre l’ethnocentrisme militant” (“Contra el etnocentrismo militante”).