Son las once de la mañana. Las obreras de Factory 4 y sus pocos compañeros masculinos salen del trabajo y, lentamente, se dispersan bajo el sol abrasador. La mayoría lleva puesto aún el delantal y el gorro reglamentarios. Aquellos y aquellas que no se precipitan hacia el comedor se disputan la escasa sombra que proyectan algunos árboles para poder comer. Unas cuarenta haitianas autorizadas a entrar en el recinto del parque se levantaron todavía más temprano para preparar los platos que venden a 50 gourdes (0,70 euros). Al igual que sus compañeros, Johnny no pagará hasta pasados unos (...)


