Para hacer frente al ya punzante frío, a finales de octubre, a más de 1.700 metros de altitud, los militantes se reúnen en torno a un gran fuego. Nos encontramos en la meseta de Sinjajevina, en las montañas del norte de Montenegro. Al igual que en los Causses franceses a mediados de la década de 1970, la población local, a la que se han sumado los ecologistas, teme que estas austeras y magníficas áreas de pastoreo se transformen en terrenos militares.
“El Gobierno saliente quería que esta zona del lago Savina Voda se utilizara como campo de maniobras y de destrucción de municiones obsoletas –explica Milan Sekulović, fundador de la (...)




