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Los móviles de la desestabilización en Ucrania

Llamas naranja sobre el río azul del gas

Tras la victoria sin gran sorpresa de Víktor Yúshenko, el 26 de diciembre, Ucrania todavía debe conquistar la democracia y el progreso social. Pieza maestra del tablero euroasiático, bamboleada entre los rusos y los occidentales, no ha terminado forzosamente con los sobresaltos que podían poner en peligro su unidad. En la ruta del petróleo se encuentra siempre a Estados Unidos. Y Ucrania no constituye una excepción.

por Jean-Marie Chauvier, enero de 2005

“La extensión de la órbita euro-atlántica vuelve imperativa la inclusión de los nuevos Estados independientes ex soviéticos y en particular de Ucrania”. El estratega estadounidense Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad del presidente James Carter, había anticipado y preparado el retroceso en curso de la potencia rusa, donde Ucrania debía cumplir un papel decisivo. En eso estamos. El trastocamiento geopolítico que se inicia sería el más importante desde la desintegración de la URSS y Yugoslavia. Consistiría en volcar hacia el campo euro-atlántico a un país más grande que Francia, de 48 millones de habitantes, dotado de una competitiva red de oleoductos y de un gasoducto por donde circula el 90% del gas siberiano enviado a Europa. El paso a la acción, la revolución naranja, tuvo lugar en la capital, Kiev, y en el oeste del país, en respuesta a los fraudes masivos en las elecciones presidenciales del 31 de octubre (...)

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