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La muerte ama la pobreza

Gracias a un gran impulso de generosidad, las ayudas prometidas a las víctimas del maremoto han alcanzado cotas importantes. Pero los países ricos han utilizado todo su peso para impedir cualquier intento de anulación de la deuda de los países afectados por la catástrofe.

Ya ocurrió en 1995, tras el paso del huracán Mitch por Nicaragua y Honduras. Estas catástrofes deberían servir de lección para preverlas y limitarlas, para evitar otras –sobre todo ligadas al clima- y para una reconstrucción eficaz.

por Frédéric Durand, febrero de 2005

Los movimientos de la corteza terrestre y la actividad volcánica siempre han causado destrucción. Muchas regiones se han visto afectadas desde California hasta Japón, pasando por la Costa Azul. Pero los países de Asia, en la conjunción de cuatro placas tectónicas, están entre los más expuestos. Entre 1990 y 2000, el Sudeste Asiático sufrió más de 100 terremotos de una magnitud superior a 6,5 en la escala de Richter. En 1883, la explosión del Krakatoa, entre Sumatra y Java, produjo 37.000 muertos y sus efectos se sintieron en todo el Océano Índico. Sólo en el archipiélago indonesio se encuentran todavía 130 volcanes en actividad. Erupciones más pequeñas, no tan graves, provocaron el desplazamiento de 150.000 personas desde el comienzo de los años ochenta.

El 26 de diciembre de 2004, el desplazamiento de más de 20 metros de las placas tectónicas del mar de Sumatra, que liberó una potencia equivalente a 30.000 (...)

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