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En Fukushima, una catástrofe banalizada

Seísmo, tsunami y, a continuación, fusión de tres reactores nucleares: Japón aún no se ha recuperado de las contusiones sufridas por la sucesión de catástrofes de marzo de 2011. Aunque en ese momento la mayor parte de víctimas y de daños materiales fueron causados por la ola de agua, las consecuencias humanas y económicas del fallo en el sistema de seguridad de la central de Fukushima serán profundas y duraderas.

por Philippe Pataud Célérier, abril de 2018

Frente a los pupitres escolares, la pizarra todavía está cubierta de signos. Ideogramas, números, esbozos. Nada parece haber cambiado desde ese 11 de marzo a las 14:46 horas. Un par de borradores resecos se descomponen en el reposatizas. Una estampa de una ironía cruel, ya que, en el exterior de lo que hace siete años todavía era el colegio de Arahama, las aguas lo borraron todo. Del barrio de Wakabayashi, visto desde la terraza de la escuela, solo queda un paisaje arenoso atravesado por un flujo incesante de excavadoras y volquetes. Cuesta imaginar que esta escuela estaba rodeada de ochocientas casas en las que vivían dos mil doscientas personas. El océano se encuentra a setecientos metros. Un dique está en construcción, mientras que una vía rápida a seis metros sobre el suelo comienza a extenderse hacia el interior. Entre estas dos obras, nada retiene nuestra atención, más allá de un (...)

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Cartografía

Fukushima: Cataclismo fulminante, desolación duradera

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