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De Sarkozy a Napoleón III

Desde que Nicolas Sarkozy fuera elegido presidente de Francia, resulta tentador hacer una analogía entre Napoleón III y el nuevo inquilino del Elíseo, sobre todo al reducir éste a su Primer Ministro al rango de simple “colaborador” y al Parlamento al papel de cámara protocolaria. El antiguo emperador de los franceses se distinguía por su apoyo a la Iglesia y al Vaticano. Al afirmar Sarkozy ante el papa Benedicto XVI que “en la transmisión de valores, los profesores nunca podrán ocupar el lugar del cura o del pastor”, ¿no ha ido más allá que Napoleón III?

por Alain Garrigou, febrero de 2008

La mayoría de los comentaristas esperaron al día siguiente a la votación de mayo de 2007 para hablar de “sarkozismo”. Otros, más ambiciosos, recurrieron a la historia para esclarecer el tiempo presente. Y así el nuevo presidente ha sido profusamente comparado con Napoleón Bonaparte. La prensa extranjera cree intuir a un “nuevo Napoleón”, según el célebre cuadro del general Bonaparte en el puente de Arcole. A veces se atreve a una comparación menos halagüeña: “Napoleón, seguramente, pero el pequeño. Gusto por el oropel, frecuentación de amigos ricos y liberalismo al estilo anglosajón: Nicolás Sarkozy tiene más de Napoleón III que de Bonaparte”.

La referencia al emperador Napoleón I, es más bien favorable. Sugiere el dinamismo del nuevo héroe, aprueba su obra de restauración del orden y su modernismo conservador. Pero con el sobrino, presidente de la II República, convertido posteriormente en Napoleón III, a quien sus detractores daban el nombre de (...)

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