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La Cancillería toma impulso

Una elite entre nostálgica y ambiciosa

Con el final de la URSS, el prestigio del que disfrutaban los diplomáticos rusos se atenuó. Pero el reinado de Vladímir Putin les ha hecho recuperar la esperanza.

por Yann Breault, noviembre de 2013

Construido el día después de “la gran guerra patriótica” (1941-1945), el edificio de veintisiete pisos que aloja el Ministerio de Asuntos Exteriores en Moscú recuerda, por su arquitectura tan pomposa como masiva, el pasado de superpotencia de Rusia. En la época de su construcción, que duró de 1948 a 1953, la aventura comunista seguía ganando terreno. La actividad diplomática de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se desplegaba en todos los continentes.

Entonces, trabajar en relaciones internacionales representaba el plan de carrera más exitoso que pudiera existir. Los candidatos eran seleccionados cuidadosamente entre aquellos que destacaban por sus rendimientos escolares y su implicación en las juventudes comunistas. Formados en la Academia Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores (fundada en 1934) o en el Instituto Estatal Moscovita de Relaciones Internacionales (fundado en 1944), tenían un excelente conocimiento de las lenguas extranjeras, lo que era extremadamente raro en los otros ministerios.

Con toda (...)

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