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Artes escénicas

Las miserias del teatro político

Al ver lo que sirve como justificación para las subvenciones que recibe el teatro, parece que se entiende que su función es aclarar los debates sociales, sensibilizar con respecto a las “causas” democráticas y contribuir a mejorar un mundo injusto. Sin embargo, esto neutraliza el teatro y, a la vez, la política.

por Olivier Neveux, mayo de 2019

Ese 9 de febrero de 2018, en France 5, Jean-Marc Dumontet muestra el entusiasmo de un scout. Está ahí para promocionar su festival “Paroles citoyennes” (“Palabras ciudadanas”), que, durante un mes, ofrecerá reposiciones de diez espectáculos comprometidos. El proyecto es “hacerse eco de las grandes cuestiones sociales de nuestro tiempo”: “Realmente hay que defender nuestras democracias, pues peligran más de lo que pensamos”, declara.

Dumontet es amigo del presidente de la República Francesa. Productor de espectáculos, propietario de numerosas salas en París, (Théâtre Antoine, Point-Virgule, Bobino…), director de la inenarrable ceremonia de los Premios Molière, businessman aguerrido conspirador del teatro privado, posee el halo de los héroes macronianos. Encarna el éxito. Podría haberse quedado ahí, saborearlo. Pero en Macronlandia, como primero de la fila, uno debe devolverle al mundo lo que ha podido lograr gracias a él. Así que Dumontet restituye a raudales. No es ministro de Cultura como predijeron algunos, (...)

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