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La maldición de la escoba

por François Horn y François-Xavier Devetter, octubre de 2011

Entre Les Femmes du sixième étage, de Philippe Le Guay, y Ma part du gâteau, de Cédric Klapisch, en 2011 las criadas ocupan un lugar protagonista en la gran pantalla. Sin embargo, desde la época gloriosa de Eugène Labiche, Georges Feydeau y el teatro popular, los personajes de empleadas domésticas estaban un poco pasados de moda. El cine europeo reflejaba así una realidad sociológica y estadística: desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento de los “treinta gloriosos” había eliminado poco a poco a las criadas de antaño. Hasta el punto de que, cuando los hermanos Jacques afirmaban que “ya no había criadas ni burgueses”, el economista estadounidense Lewis Alfred Coser describía el servicio doméstico como una actividad “obsoleta”.

Sin embargo, la “servidumbre” fue durante mucho tiempo un grupo profesional importante, que reunía hasta un tercio de la mano de obra femenina en países tan diversos como el Estados (...)

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DossierEl espejismo de los servicios domésticos

El modelo de la empleada doméstica al servicio de una sola familia continúa siendo habitual en ciertas regiones del mundo, particularmente en el Golfo o en Asia.
  • Las eternas invisibles

    Geneviève Fraisse
    Tareas tan ingratas como indispensables, asumidas por una abrumadora mayoría de mujeres, con remuneración o sin ella: el servicio doméstico concentra las cuestiones espinosas que se le plantean a la sociedad.
  • Sindicalizar la ayuda a domicilio, un trabajo de hormiga

    Pierre Souchon
    Aislamiento de los empleados, falta de tradición sindical, perpetuación de las relaciones de poder tradicionales: son múltiples los obstáculos que dificultan la movilización en el sector de la asistencia a domicilio.
  • De profesión: empleada doméstica

    Julien Brygo
    El Gobierno francés y un sector de la izquierda ven en los “servicios domésticos” una fuente de empleo providencial. En el mundo hay aproximadamente cien millones de empleadas del hogar.