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Indiferencia internacional tras las cuestionadas elecciones presidenciales

Imposición a la fuerza en Honduras

Serios índices de fraude electoral desacreditan el escrutinio presidencial hondureño del 26 de noviembre. El presidente saliente, Juan Orlando Hernández, fue reelegido en detrimento del centrista Salvador Nasralla, comprometido en la lucha contra la corrupción. Todo ello con el beneplácito de Estados Unidos, omnipresente en la vida política y militar del país desde comienzos de los años 1980.

por Alexander Main, enero de 2018

Soldados con el dedo en el gatillo en medio de la carretera, manifestantes que corren en busca de refugio entre nubes de gas lacrimógeno... A principios del pasado diciembre, las calles de Tegucigalpa, la capital de Honduras, presentaban el aspecto de un golpe de Estado militar, reminiscencia de la escena de junio de 2009, cuando el presidente de izquierdas Manuel Zelaya fue secuestrado por el Ejército hondureño y embarcado a la fuerza en un avión con destino a Costa Rica.

Esta vez han sido las sospechas de fraude electoral las que han provocado el estallido. Las elecciones presidenciales del pasado 26 de noviembre se llevaron a cabo en un clima de extrema tensión, marcado por el temor de que el Tribunal Supremo Electoral (TSE), partidario del Partido Nacional de Honduras (PNH) en el poder, estuviera dispuesto a todo con tal de garantizar un segundo mandato al presidente saliente, Juan Orlando Hernández, (...)

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