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De las trincheras de la primera guerra mundial a los conflictos sociales

Gas lacrimógeno, lágrimas de oro

Todos los protestatarios del mundo entero comparten una experiencia: la inhalación de gas lacrimógeno. En un siglo, esta arma presentada como inofensiva se ha impuesto como la herramienta universal para el mantenimiento del orden establecido.

por Anna Feigenbaum, mayo de 2018

Al contrario que otros mercados, la industria del mantenimiento del orden no teme ni los problemas sociales ni las crisis políticas. Las revueltas de la “primavera árabe” de 2011 y las manifestaciones que han sacudido el mundo estos últimos años han disparado las ventas de gas lacrimógeno y de equipamientos antidisturbios. Con el libro de pedidos en la mano, los comerciales recorren el planeta. Ejércitos de expertos se mantienen al acecho de la menor agitación popular para aconsejar a fabricantes y compradores sobre las posibilidades de negocio. El gas lacrimógeno es sin duda alguna su producto estrella: considerado universalmente por los Gobiernos como el remedio más fiable e indoloro frente a la protesta social, una panacea contra el desorden, no conoce fronteras ni rival.

¿Qué daño causa a las víctimas? ¿Qué problemas plantea en términos de salud pública? Nadie lo sabe, ya que a nadie parece importarle. En ningún país existe (...)

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