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Patronal y sectores pobres satisfechos por igual

En Nicaragua se arraiga una izquierda desgastada

La reelección de Daniel Ortega al frente de Nicaragua, en noviembre de 2011, confirmó el anclaje en la izquierda de gran parte de Latinoamérica. Sin embargo, la reciente evolución del poder sandinista, particularmente respecto a la cuestión de los derechos de las mujeres, evidencia los escollos de una lógica que en ocasiones conduce a las fuerzas de izquierda a renunciar a ciertos de sus principios con tal de mantenerse en el poder.

por Maurice Lemoine, junio de 2012

Algunos cantan, otros agitan pancartas y otros exhortan a viva voz para que avancen los de delante. Ese 3 de diciembre de 2011, en las cercanías del Consejo Supremo Electoral (CSE), en Managua, se llevó a cabo una manifestación sin incidentes. Cuando Fabio Gadea tomó la palabra, se produjo una calma relativa. Luego de obtener el segundo puesto en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre con el 31% de los votos, el representante del Partido Liberal Independiente (PLI) cuestionó la victoria del candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega (62,46%), afirmando que él mismo había recogido el 62%: “Queremos que estas elecciones sean declaradas nulas y que se realicen nuevamente, en presencia de observadores de todo el mundo”. En efecto, es al mundo –la famosa “comunidad internacional”– a quien está dirigido el mensaje. Incluso en Nicaragua, queda en la nada. Los manifestantes habían anunciado la concurrencia (...)

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