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Laboratorio europeo de los movimientos de autodeterminación

En Bélgica, el póker mentiroso como método de gobierno

Los nacionalistas flamencos, desde que poseen los principales engranajes del poder, han silenciado su proyecto de escisión de Bélgica, poco popular entre la opinión pública. Al preferir hablar de “condeferalismo”, han elaborado una nueva estrategia: desmantelar el Estado desde el interior argumentado la necesidad de realizar ahorros presupuestarios y sembrar cizaña en el campo francófono.

por Paul Dirkx, noviembre de 2017

El movimiento separatista flamenco siempre se ha topado con un importante obstáculo: tal y como lo confirma el conjunto de estudios universitarios, los belgas rechazan masivamente la partición de su país (en torno al 95% de los francófonos y al 90% de los neerlandófonos, cifras estables desde 1995). Desde que entró en el Gobierno en 2014, la Nueva Alianza Flamenca (N-VA, Nieuw-Vlaamse Alliantie) –el principal partido nacionalista–, se ha propuesto esquivar este escollo.

La N-VA, nacida en 2001 de las cenizas de una formación autonomista juzgada como demasiado a la izquierda e impulsada por las nuevas elites financieras del Norte, se ha impuesto desde 2010 como el partido más importante del reino. Su programa conservador denuncia las “esclerosis” del “laberinto” belga: en nombre de la “eficacia”, todo lo que aún sigue siendo federal, es decir, gestionado por el Estado central, debe “pasar a ser propiedad de Flandes y de Valonia” (la (...)

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