El pasado 31 de marzo, el anuncio del Ministerio de Defensa israelí debió de sonar como una bofetada en los pasillos del Ministerio de Asuntos Exteriores francés: Tel Aviv “ha decidido reducir a cero las compras de material de defensa realizadas en Francia”. Los Gobiernos nombrados por el presidente francés Emmanuel Macron habían proseguido con este mortífero comercio —más de 525 cargamentos de equipo de uso militar enviados a Israel entre octubre de 2023 y marzo de 2026 (Le Monde, 8 de abril)— mientras negaban regularmente su existencia. La moraleja de nuestros tiempos está servida: el cliente culpable ha repudiado a su avaricioso proveedor.
La decisión mejora aún más el récord de humillaciones que Israel lleva infligidas a Francia: un orgullo del que el ministro francés de Exteriores Jean-Noël Barrot puede alardear tras solo 18 meses en el cargo. En noviembre de 2024, los servicios de seguridad israelíes irrumpieron en uno (...)


