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El FMI y el hambre

Las revueltas del hambre y la crisis mundial provocadas por el alza de los precios de los alimentos de primera necesidad son resultado de las políticas de “eficacia” impulsadas desde hace décadas por los organismos económicos internacionales. Un lógica implacable que lleva a los campesinos pobres a abandonar sus campos y a adquirir a precio de importación los alimentos que antes cosechaban ellos mismos. Mientras, los cereales se convierten en el nuevo objeto de especulación financiera, para ahuyentar el fantasma de la burbuja Internet y la burbuja inmobiliaria.

por Serge Halimi, mayo de 2008

El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC) habían prometido que el aumento de los flujos de mercancías contribuiría a erradicar la pobreza y el hambre. ¿Cultivos destinados a la alimentación? ¿Autonomía alimentaria? Se encontró una solución más inteligente: la agricultura local sería abandonada u orientada a la exportación. Así, se sacaría el mejor partido no de las condiciones naturales –más favorables, por ejemplo, para el tomate mexicano o el ananás filipino–, sino de menores costes de explotación en esos dos países que en Florida o en California.

El agricultor de Malí confiaría su alimentación a las firmas cerealeras de la región francesa de la Beauce o del Midwest estadounidense, más mecanizadas, más productivas. Al abandonar su tierra iría a incrementar la población de las ciudades para convertirse en obrero de una empresa occidental que deslocaliza sus actividades para sacar provecho de una mano de obra más (...)

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