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Londres atrapado por la modernidad

Arte para todos, dinero para unos pocos

Representado en los años 1960-70 por la organización del espíritu de la revuelta, de la minifalda al movimiento punk, Londres define de nuevo cierta vanguardia. No sólo ha puesto de moda el arte contemporáneo, sino que éste, que parecía estar reservado a la elite, es presentado sin titubeos como un agente de cambio social en la actualidad.

por Evelyne Pieiller y Marie-Noël Rio, junio de 2016

“El arte es el Santo Grial”, afirma Sadie Coles con esa sonrisa de emoción de quien hace una confidencia. Tiene la elegancia discretamente rock’n’roll y la grácil desenvoltura de los que aseguran el vínculo entre artistas y coleccionistas. Según el diario The Guardian, Sadie se encontraba entre las “personalidades más poderosas del mundo del arte” en 2014. Marchante de arte (art dealer), reina en dos grandes galerías delicadamente minimalistas. Nos recibe en la de Kingsly Street, abierta en 1997, en el corazón del otrora Swinging London, antes de que Carnaby Street vendiera su “shopping de otros tiempos” con un fondo de viejos recuerdos pop –además, “esto antes era un club nocturno”–. Todo es blanco, vasto, obviamente marcado con pilares pero vacío y lujosamente luminoso bajo una vidriera de estilo clásico. Las cifras de negocio a nivel mundial del mercado del arte contemporáneo, en el que Londres ocupa el segundo lugar, (...)

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