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Memoria histórica

Una piscina para los refugiados

Las montañas de la libertad
Josep Calvet
Alianza Editorial, Madrid, 2010, 304 páginas, 19,50 euros.

por Ignacio Carrión, marzo de 2010

Franco canjeó refugiados por alimentos. Franco entregó sin ningún miramiento judíos que cruzaron los Pirineos para huir del holocausto a sus verdugos alemanes. Franco aplicó a los refugiados franceses (los más numerosos), británicos o polacos el mismo trato reservado a los presos políticos españoles en las cárceles y campos de concentración. Eso sí, estableció una diferencia: las embajadas, o la Cruz Roja Internacional, pagaban el alojamiento y la manutención de los reclusos de su misma nacionalidad. Los afortunados serían enviados a hoteles o balnearios, pues no cabían todos en cárceles o campos de concentración. Los otros fueron repartidos por distintos centros penitenciarios en los que el hambre, la disentería y el hacinamiento les daban la bienvenida en nombre del nuevo régimen nacionalsindicalista. Cantaban el Cara al Sol con el brazo en alto. Asistían a la santa misa. Se mantenían en forma gracias a los trabajos forzados. Debían gritar: (...)

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