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En las revistas

The Ecologist

Nº 20, enero-febrero 2005

febrero de 2005

Con los animales podemos experimentar en todo tipo de investigaciones crueles y tormentosas; podemos convertirlos en máquinas de producción de alimentos en condiciones que son una auténtica pesadilla; podemos transformarlos en títeres de circos, espectáculos como los de Sea World o aburridos zoológicos; podemos invadir sus territorios, extinguirlos; podemos modificarlos genéticamente, clonarlos... La ciencia ortodoxa nos dice que no tienen alma, que no sufren, que no sienten. Porque, realmente, si así fuera, no sería lícito hacerlo. Y, si no fuera lícito hacerlo, sin la posibilidad de usar ese “carburante”, cómo iba a funcionar la sociedad contemporánea/capitalista/comunista, si su razón de ser está basada en el expolio del mundo natural (incluyendo al ser humano)... Pedro Burruezo introduce en su artículo “Antropocéntricos, antropomórficos, antropoinútiles?” el bloque de opinión que este número dedica a “Mundo animal II, un grito desesperado”. Escriben, además, Animal Freedom (“Peceras y goldfish: decoración e ins­trumentos de tortura); Yolanda (...)

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