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Sudán del Sur: Cuando la esperanza cierra sus puertas

En 2011 aparecía un nuevo Estado: después de décadas de guerra, la población de Sudán del Sur votó en referéndum la decisión de separarse del Norte de Sudán, convirtiéndose en el país más joven del mundo. Nacía así un Estado tan ilusionado como frágil, con pocas infraestructuras, servicios básicos precarios y reivindicaciones políticas no resueltas. El recién nacido Sudán del Sur no ha tenido oportunidad de crecer: en diciembre de 2013, el partido gobernante, el Movimiento Popular de Liberación de Sudán (SPLM) se dividió y la crisis explotó en todo el país. Desde entonces, la población civil es la que más sufre las consecuencias de los enfrentamientos armados entre las tropas que respaldan al presidente, Salva Kiir, de la etnia dinka, y los soldados leales al ex vicepresidente, Riek Machar, de la etnia nuer. Los enfrentamientos han hecho reaparecer las viejas tensiones y castigan, sobre todo, a los sectores de la población más vulnerables: mujeres, ancianos y niños.

por Júlia Serramitjana, julio de 2015

Tras dos años de conflicto, los sentimientos más extendidos son la desilusión, la desesperanza y la frustración en un país que lleva años sufriendo la violencia y que sólo ha conocido la paz durante escasos periodos de tiempo.

Mujeres, hombres, niñas y niños se han visto perseguidos por su origen étnico y han sido obligados a huir, muchos de ellos en más de una ocasión. Han perdido a seres queridos, las pocas pertenencias que tenían y sus medios de subsistencia. Las grandes esperanzas con las que Sudán del Sur estrenó su independencia han desaparecido.

Pero, a pesar de las tensiones entre las dos etnias enfrentadas, la población civil parece a veces olvidar la frontera imaginaria que la divide y protagoniza historias cargadas de humanidad y de solidaridad. Cuando la violencia estalló en diciembre de 2013, Manuel, diplomático, y Peter, comercial, eran vecinos aunque nunca habían intercambiado muchas palabras. Uno era dinka; el (...)

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