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Del rigor a la debacle de los créditos inmobiliarios

Romper la tenaza liberal

La decisión habría sido tildada de “populista” en cualquier otro lugar. Pero es exactamente en Londres, bajo el feudo de la City y pulmón financiero de Europa, donde el Gobierno de Gordon Brown ha decidido nacionalizar un gran banco sumido en apuros, Northern Rock. De hecho, sólo se trata de una “transferencia temporal de la propiedad al sector público”. Sin embargo, no es ni más ni menos que en la patria de Margaret Thatcher donde el Estado interviene. Sus misiones son: enjugar las deudas, tras haber garantizado los depósitos con fondos públicos, esto es, un ajuste de 55 millardos de libras (72 millardos de euros); después expulsar a los malos pagadores, aquéllos que se han endeudado negligentemente. Una vez se haya realizado la limpieza, el banco normalmente volverá a ser privado, en virtud de un viejo principio: nacionalización de las pérdidas y privatización de los beneficios. Alemania socorrió al IKB Deutsche Industriebank. Citigroup y Merrill Lynch, en Estados Unidos, tuvieron que recurrir a fondos estatales de Asia y de Oriente Próximo. Estas borrascas financieras no son nuevas. Previsibles, se inscriben dentro de un movimiento de desregulación que, en Francia, comenzó hace exactamente veinticinco años.

por Frédéric Lordon, marzo de 2008

La gravedad de la crisis se confirma desde el momento en que ciertas noticias por lo común consideradas buenas son instantáneamente percibidas como malas. ¿La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) baja varias veces sus tipos de interés? Nunca es bastante. ¿El 12 de diciembre pasado, de acuerdo con los otros grandes bancos centrales, anuncia una ampliación inaudita de sus procedimientos de refinanciación? La situación es bastante más grave de lo que imaginábamos. ¿Su presidente Ben Bernanke aboga este 17 de enero, en un hecho sin precedentes, por una intensificación de la recuperación presupuestaria? Quiere decir que la Reserva Federal, después de agotar sus márgenes de maniobra, pide relevo al Estado. Y como éste no era más que el primer acto de una comedia orquestada un tanto torpemente, sucede que George W. Bush anuncia al día siguiente un paquete de recuperación casi exactamente ajustado a las “sugerencias” del banquero central.

Si (...)

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