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No hay democracia sin debate

por André Bellon, julio de 2005

“La principal preocupación de la derecha: conservar el poder; mi mayor deseo: devolvérselo a ustedes”. Con lirismo y algunas reticencias, el candidato a la elección presidencial de 1974 François Mitterrand estigmatizaba la crisis de representación política. Hacía res­ponsable a la Constitución de la V República, y en parte tenía razón. Lo que siguió probó cuánto más profunda era la crisis: de elección en elección, la brecha se fue profun­dizando, aumentaron tanto las abs­ten­ciones como los votos en blanco, hasta el desastre del 21 de abril de 2002. Los votantes impug­nan cada vez más la legitimidad de los cargos electos y de las elites políticas.

Desde hace al menos 30 años en que se viene planteando la cuestión, se han ofrecido varios tipos de explicación: institucional (en el mar­co de la globalización, las opciones políticas ya no se tratan mediante el debate tradicional), económica (las presiones dejan poca libertad a los ciudadanos), (...)

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