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35 años de la revolución sandinista

Nicaragua, sueños y despertares

El 19 de julio pasado se cumplieron treinta y cinco años del triunfo de la revolución sandinista. Aquel día de 1979, los “muchachos” del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), después de una larga guerra insurreccional, entraban victoriosos en Managua y abatían una de la más feroces dictaduras de América Latina. Para las fuerzas de izquierda, aquella victoria, por la vía de las armas, llegaba seis años después del derrocamiento, en Chile, de Salvador Allende, llegado al poder por la vía electoral. Se relanzaba así, en el seno de los movimientos progresistas, el gran debate entre el voto o el fusil. Pero la victoria sandinista coincidió también con el comienzo, a escala planetaria, del neoliberalismo, y con la llegada al poder de dos gobiernos ultrarreaccionarios: el de Margaret Thatcher en el Reino Unido y el de Ronald Reagan en Estados Unidos. Este en particular convirtió a la revolución sandinista en su “bestia negra” y puso todo su empeño en tratar de asfixiarla. El mundo pudo contemplar cómo un pequeño país centroamericano, Nicaragua, resistió durante diez años a las embestidas del imperio. Fue un ejemplo de resistencia heroica. Pero la revolución sandinista no salió indemne.

por Marcos Roitman, septiembre de 2014

Para desgracia de los desmemoriados, el pasado siempre vuelve. La identidad nacional, memoria colectiva de un pueblo, se construye sobre sus mitos. Relatos que dan vida a la historia y proyectan la voluntad política de una nación. Los pueblos de América Latina fueron considerados ‘’pueblos sin historia’’, alejados de las dinámicas del progreso. Así, sus luchas emancipadoras hunden sus raíces en el pensamiento anticolonial, emancipador, de liberación nacional y antiimperialista.

Nicaragua no es ajena a esta historia común. Hasta el triunfo de la revolución sandinista, el 19 de julio de 1979 fue un país sometido a dictaduras oligárquicas bajo la atenta mirada de Estados Unidos, que no dudó en invadirlo para defender sus intereses económicos y geopolíticos. La resistencia al invasor elevó, como no podía ser de otra manera, a la categoría de héroes nacionales a sus mártires: Benjamín Zeledón, abatido en 1913, y Augusto César Sandino, asesinado en 1933 por (...)

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