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Volverse hacia Asia para contrarrestar la hostilidad occidental

Moscú, entre juegos de influencias y demostraciones de fuerza

El regreso de Rusia al escenario diplomático se perfila muy diferente. Presionado por una Ucrania cada vez más inclinada hacia la esfera occidental, Moscú improvisa una brusca reconquista de Crimea. La afirmación grosera de intereses legítimos revela los límites de su poder de atracción. Un poder que, sin embargo, ha cuidado con esmero desde la caída de la URSS mediante acuerdos de cooperación de geometría variable.

por Jean Radvanyi, mayo de 2014

En materia de política exterior rusa, los comienzos del año 2014 han estado marcados por dos acontecimientos capitales. En primer lugar, los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, cuya organización generó en los medios de comunicación occidentales una vasta campaña crítica contra el régimen de Vladímir Putin; posteriormente, mientras los juegos ­finalizaban, la crisis ucraniana. En cierta manera, estos dos momentos importantes representan las dos facetas de la nueva política exterior del Kremlin: por una parte, su intento de iniciarse en el soft power, el “poder blando” (el poder de influencia no coercitivo, a la vez ideológico, cultural y científico), y por la otra, el más tradicional y violento recurso a las relaciones de fuerza.

Los Juegos Olímpicos de Sochi tenían el propósito de mostrarle al mundo que Rusia era capaz de organizar un acontecimiento internacional de gran envergadura utilizando los medios más modernos, ya fuera para la organización de las (...)

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