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Gracias y desgracias de una antigua capital

por Jean-Pierre Séréni, marzo de 2010

Entre los siglos XIII y XV, Tremecén fue la capital del Magreb central, un imperio improbable cuyo territorio, en su apogeo, cubría la Argelia actual (menos Constantina, más Marruecos oriental), y que en su época más oscura se encogió hasta los límites de sus murallas. En el origen de la dinastía de los zianidas se halla una tribu del Sahara atraída por las fuentes límpidas y el verdor de la región, y un hombre: Yaghmorasan Ben Zayan. Este feroz guerrero bereber reinó durante 47 años y dio a su capital –poblada, según se dice, por 125.000 habitantes– la prosperidad económica y el liderazgo de un gran centro intelectual y religioso. “Después de la derrota de Las Navas de Tolosa (Al-Ikab) en 1212, cuando los musulmanes perdieron su flota, el Mediterráneo occidental se convirtió en un mar cristiano. Para circular entre el oeste y el este del Magreb no había más (...)

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