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Patrimonio mundial de la UNESCO: los inesperados efectos de una catalogación

El regalo envenenado del turismo cultural

Cada año, unos cincuenta parajes naturales o culturales presentan su candidatura para ser declarados patrimonio mundial con el objetivo de que se les otorgue protección en beneficio de toda la humanidad. Sin embargo, la UNESCO, cuando concede esta catalogación, también orienta fuertemente los flujos turísticos. Un soplo de aire fresco remunerador, pero que puede resultar devastador.

por Geneviève Clastres, julio de 2019

“De repente, puso a Albi en el mapa. El 31 de julio de 2010, la ciudad episcopal pasó a ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura]. A la mañana siguiente había una multitud en la ciudad: la gente daba un rodeo para venir a verla”, comenta Marie-Ève Cortés, directora de asuntos culturales, patrimonio y relaciones internacionales de Albi. Recuerda muy bien aquel día en el que la vida de esta “ciudad de ladrillo” francesa y de sus 52.000 habitantes cambió. Desde entonces, el número de turistas se ha duplicado, pasando de 700.000 al año a 1 millón en 2011 y a 1,5 millones en 2016 –un poco menos en 2017–.

A menudo, la inclusión en la Lista del Patrimonio de la Humanidad reconoce lugares que ya recibían a muchos visitantes. Aun así, existe un verdadero “efecto UNESCO”. (...)

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