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En Alemania, la Policía y la Justicia sumergidas en aguas turbulentas

La violencia neonazi se queda sin ser juzgada

Una célula neonazi, asesinatos en serie, una Policía que mira hacia otro lado: estos son los ingredientes de un drama que atormenta a Alemania desde comienzos de los años 2000. El proceso judicial, instruido de 2013 a 2018 en Múnich, ha revelado con sus propias carencias las ambigüedades de los servicios de seguridad y de la institución judicial con respecto a la violencia de la extrema derecha.

por Christopher Pollmann y Massimo Perinelli, julio de 2019

El 11 de julio de 2018, Ismail Yozgat se derrumbó, salmodió, se echó agua por la cabeza. Padre de Halit Yozgat, asesinado doce años antes por el grupúsculo Clandestinidad Nacionalsocialista (Nationalsozialistischer Untergrund, NSU), acababa de escuchar a Manfred Götzl, juez del tribunal regional superior (Oberlandesgericht) de Múnich, pronunciar su sentencia contra los cinco imputados: severa contra la principal acusada pero clemente contra sus cuatro cómplices.

Así concluyó el tratamiento público de la mayor serie de crímenes neonazis en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. Entre septiembre de 2000 y abril de 2007, nueve personas de origen inmigrante, principalmente turco, y una agente policial fueron asesinadas en diferentes ciudades de Alemania, siempre con la misma pistola. La Policía creyó en primer lugar que se trataba de ajustes de cuentas comunitarios. Después de cada asesinato, las investigaciones apuntaban esencialmente a las familias, los vecinos y el entorno de las víctimas e incluso hubo (...)

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