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¿Cualidad o infortunio?

El oído absoluto

Una de cada diez mil personas posee el oído absoluto. O sea, el privilegio no de oír música sino de identificar las notas. Bach, Mozart y Tchaikovski lo poseyeron. Y el autor de este relato también. Pero finalmente se pregunta, recordando las peripecias de su formación musical, si tener este don constituye una cualidad o un infortunio.

por Ramón Chao, febrero de 2011

Yo, señores, sin jactancia, tengo el oído absoluto, o perfecto. Escucho una sinfonía, oigo cantar a Juanito Valderrama, me llega un choque de vasos, y sé exactamente las notas que emiten. Hace unos quince años penetré en la abadía gregoriana de Solesmes (Sarthe, Francia) para entrevistar al director del coro. Le pedí al eclesiástico y maestro que me explicara los diferentes modos del canto llano. Me entonó los primeros compases del salmo: “Jesús, hijo de David…” No más empezar lo interrumpí: “No, padre, dice usted ‘sol’ y está cantando un ‘fa’ ”. Me miró asombrado: “¿Posee usted el oído absoluto? Es una virtud que, a mí, Dios no me ha concedido”. “No me sirve de nada, padre, pues entono muy mal”. “Vaya a ver de mi parte al doctor Tomatis. Otros milagros ha hecho”.

Fui a ver al doctor Tomatis y me dio varias lecciones. Muy caras, por eso lo dejé (...)

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