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Al Qaeda contra los talibanes y la resistencia iraquí

Dos estrategias islamistas contrapuestas

De Somalia a Afganistán, de Irak al Líbano, pasando por Palestina (leer página 11), se dibuja el arco de un caos caracterizado por el debilitamiento de los Estados y el papel creciente de grupos armados que disponen de un armamento eficaz (fundamentalmente proyectiles y cohetes) y que escapan a cualquier control. Para Estados Unidos, estas zonas se han convertido en el terreno principal de la “tercera guerra mundial”, de la “guerra contra el terrorismo”. Esta visión alimenta la estrategia de la organización Al Qaeda, comprometida en una lucha a muerte contra “los cruzados y los judíos”. Sin embargo, sobre el terreno, estos discursos simplistas no ocultan una realidad más bien contradictoria. En Irak, asistimos a la movilización de una parte de la resistencia suní contra las derivas de Al Qaeda, que está lanzada a un sangriento combate contra los chiitas, no dudando en asaltar sus lugares de culto. En Afganistán, violentos incidentes han opuesto los talibanes a los combatientes extranjeros de Al Qaeda, potenciando los primeros una estrategia nacional (y la búsqueda de un modus vivendi con el poder paquistaní) y los segundos llamando al retorno de los regímenes musulmanes, denunciados como “impíos”.

por Syed Saleem Shahzad, julio de 2007

Dos incidentes recientes ilustran las crecientes divergencias en el seno de los movimientos islamistas armados. En Waziristán del Sur, una zona tribal de Pakistán situada en la frontera afgana, talibanes locales perpetraron en marzo de 2007 una masacre de combatientes extranjeros del Movimiento Islámico de Uzbekistán, vinculado a Al Qaeda; casi simultáneamente, el Ejército Islámico en Irak y la rama local de Al Qaeda se enfrentaban en feroces combates. Dos estrategias –dos formas de concebir el combate islamista– se oponen de manera cada vez más violenta.

Desde 2003, voluntarios extranjeros se dirigen a Pakistán e Irak. Sin embargo, lejos de alegrar a los dirigentes de los talibanes y a los grupos de resistencia islámicos autóctonos, esta llegada de combatientes radicales adeptos al takfirismo –una ideología que considera a los “malos musulmanes” como los principales enemigos (ver recuadro “El takfirismo, una ideología mesiánica”)– había provocado cierto malestar. Al librar la guerra contra (...)

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