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Las fronteras se mueven, las poblaciones desaparecen

Viaje a los márgenes de Schengen

La integración de los países del Este en la Unión Europea, en 2004, y la borradura progresiva de las barreras fronterizas debían atenuar el resurgimiento de las identidades nacionales que se observó a principios de los años 1990. Sin embargo, en Hungría y Eslovaquia, al igual que al otro lado de la “muralla de Schengen”, en Ucrania, las poblaciones permanecen prisioneras de las estrategias políticas que instrumentalizan las cuestiones de identidad.

por Laurent Geslin y Sébastien Gobert, abril de 2013

“Mi abuelo vivió en cinco países sin abandonar nunca su pueblo”. Un pesado calor aplasta la aldea de Tyachiv, situada a orillas del río Tisza a los pies de la parte occidental del macizo de los Cárpatos. En Ucrania hoy, la Transcarpacia formó parte durante mucho tiempo del Imperio Austro-Húngaro antes de que el tratado de Trianón, de junio de 1920, cediera la región a la República Checoslovaca recién constituida. Ciudadano ucraniano de origen húngaro, el anciano aduanero Sándor Igyártó da una larga calada a su cigarrillo americano. Unas gotas de sudor resbalan sobre sus sienes. “Después del retorno de los húngaros, en 1938, mi abuelo fue movilizado durante la Segunda Guerra Mundial por el ejército húngaro para luchar en el frente del Este y fue deportado a Siberia durante la anexión soviética, en 1944. Solamente pudo regresar después de la muerte de Stalin”.

En Tyachiv coexisten iglesias calvinistas, católicas, greco-católicas (...)

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