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Detrás de las evidencias humanitarias

Una moral muy política

El Ejército colombiano hizo caso omiso de las convenciones de Ginebra y utilizó, el 2 de julio pasado, el emblema de la Cruz Roja con el fin de liberar a quince rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En Kabul, el Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés) ha anunciado la suspensión de sus actividades en Afganistán después de que tres voluntarias suyas fueran asesinadas el 13 de agosto. Hoy en día, la ayuda de urgencia ya no hace alarde de su neutralidad (léase el artículo de Pierre Micheletti "Bajo el fondo de la indignación y el petróleo, todo empezó en Biafra"), como ocurría antes de la guerra de Biafra, que comenzó en 1967. Desde que se alega el “derecho de injerencia” y los Ejércitos han invertido en el campo humanitario, la confusión de géneros crea un factor de riesgo para las organizaciones no gubernamentales (ONG) y, sobre todo, para el personal local de éstas. La figura compasiva de la víctima no debe encubrir el carácter profundamente político de estos compromisos, aunque sean “desinteresados”, ni su impacto en el funcionamiento de las sociedades locales, como en el Congo (léase el artículo de Michel Galy "Aventureros africanos y profesionales occidentales en el Congo").

por Bernard Hours, diciembre de 2008

Hubo que esperar las inevitables desviaciones, el precio del éxito de la acción humanitaria, para que sus objetivos e incluso su moralidad se vieran expuestos a la sospecha. Fue así como las desventuras del Arca de Zoé en Chad, a principios de 2008 fueron objeto de una cobertura mediática crítica en un ámbito que en otra época sólo habría evocado sus “buenas intenciones”. Ya en 2004, durante el tsunami que afectó al sudeste asiático, se había cuestionado la capacidad de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) para administrar las importantes donaciones recibidas.

La acción humanitaria descansa sobre un conjunto coherente de prácticas y principios que, presentados como necesarios y morales, constituyen una ideo­logía. Ese modo de ver el mundo descansa a su vez sobre tres pilares que merecen ser examinados: la universalidad de los derechos humanos, una ­afirmación tan simpática como problemática; la construcción de la figura de la víctima, sin la (...)

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