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Un acumulamiento de objetos inutilizados y caros

¿Poseer o compartir?

¿Y si el “uso” ya no fuera necesariamente sinónimo de “propiedad”? Preocupadas por terminar de una vez con el hiperconsumo de objetos que solo se utilizan en escasas ocasiones y enfrentadas a un poder adquisitivo a media asta, numerosas personas se organizan para compartir y trocar. Un movimiento en plena expansión que los grupos empresariales privados han intentado secuestrar para ampliar el círculo… de compradores.

por Geoffroy Valadon y Martin Denoun, octubre de 2013

“En el domicilio de cada uno de nosotros, existe a la vez un problema ecológico y un potencial económico. En nuestros hogares tenemos numerosos bienes que no utilizamos: la taladradora que duerme en un armario y solo servirá de media trece minutos a lo largo de su vida, los DVD visionados una o dos veces que se amontonan, la cámara de fotos que coge más polvo que luz, pero asimismo el coche que utilizamos en solitario menos de una hora al día o el apartamento que permanece vacío durante todo el verano. La lista es larga. Y representa una suma impresionante tanto de dinero como de futuros residuos.” Tal es, esencialmente, el gancho de los teóricos del consumo colaborativo. Porque, zanja con una gran sonrisa Rachel Botsman, una de sus jefas de fila, “¡lo que ustedes necesitan es un agujero y no una taladradora; una proyección y no un DVD; (...)

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