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Resolver los conflictos de Oriente Próximo, no agravarlos

Para acabar con el terrorismo

Los atentados en Túnez y Saná han vuelto a poner de manifiesto que los países de mayoría musulmana son los más afectados por los actos de violencia contra la población civil. La lucha contra el “terrorismo” permite movilizar a la opinión pública, establecer alianzas militares y votar leyes que restringen las libertades. ¿Focalizarse en este enemigo tan fácil permite acaso afrontar las realidades políticas de Oriente Próximo, el Magreb y el Sahel?

por Alain Gresh, abril de 2015

Fue una batalla homérica, que todos los medios de comunicación del mundo cubrieron minuto a minuto. La Organización del Estado Islámico (OEI), que conquistó Mosul en junio de 2014, siguió su espectacular avance, tanto hacia Bagdad como hacia la frontera turca; en Siria, ocupó el 80% de la ciudad de Kobané. Los enfrentamientos se recrudecieron durante varios meses. Las milicias kurdas locales, apoyadas por la aviación de Estados Unidos, recibieron armas y unos ciento cincuenta soldados, enviados en apoyo por el Gobierno regional del Kurdistán iraquí. Los enfrentamientos, difundidos con fervor por los canales de televisión occidentales, concluyeron a principios de 2015 con un repliegue de la OEI.

¿Pero quiénes componen esa heroica resistencia que ha cortado una de las cabezas de la hidra terrorista? Genéricamente calificados de “kurdos”, la mayoría de sus integrantes pertenecen al Partido de la Unión Democrática (PYD), rama siria del Partido de losTrabajadores de Kurdistán (PKK). (...)

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