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La trampa de una protesta sin reivindicaciones

Occupy Wall Street, un movimiento que se ha enamorado de sí mismo

Todo opone al Tea Party, preocupado por reducir la carga impositiva, y al movimiento Occupy Wall Street, indignado por el ahondamiento de las desigualdades. Pero, mientras que el primero continúa pesando en la sociedad y en las instituciones, el segundo ha levantado el campamento (¿provisionalmente?) sin haber obtenido casi nada. El autor del ensayo ¿Qué pasa con Kansas? extrae de este desenlace algunas lecciones crueles de estrategia política, que resuenan más allá del caso estadounidense.

por Thomas Frank, enero de 2013

Una escena me viene a la memoria cada vez que trato de encontrar el efecto embriagador que el movimiento Occupy Wall Street (OWS) tuvo sobre mí en ese momento, cuando parecía destinado a un gran futuro. Yo estaba en el metro de Washington, leyendo un artículo sobre los manifestantes reunidos en el Zuccotti Park de Manhattan. Habían pasado tres años desde el rescate de Wall Street; dos años desde que todos mis conocidos perdieron cualquier esperanza de ver al presidente Barack Obama dar pruebas de audacia: dos meses desde que los amigos republicanos de los banqueros llevaron al país al borde de la suspensión de pagos mediante el pulso presupuestario con la Casa Blanca. Como el mundo, yo estaba harto.

Cerca de mí había un pasajero bien vestido, sin duda un ejecutivo volviendo de alguna convención comercial, a juzgar por el eslogan un poco juguetón escrito en el bolso que llevaba (...)

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