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La traducción como lectura

Toda lectura es una aclimatación, es decir, una creación que responde a la del autor. La traducción a otra lengua no hace sino impulsar esta lógica hasta su final. Alberto Manguel se concentra desde hace mucho tiempo en rendir homenaje a la apropiación de textos por quienes los descubren, esa parte oscura del intercambio literario; aquí reflexiona sobre las trampas, las paradojas y los milagros de la traducción.

por Alberto Manguel, agosto de 2009

Jorge Luis Borges opinó alguna vez que los traductores no deben ser literales. “El error”, dijo Borges, “consiste en que no se tiene en cuenta que cada idioma es un modo de sentir el universo o de percibir el universo”.

Traducción es el nombre que usamos para designar el acto más íntimo de lectura. Toda lectura es traducción, el pasaje de la visión formal del universo a una forma particular de sentirlo o percibirlo, de una representación del mundo-texto (en letras escritas) a otra (en letras vistas y oídas.) Recientes estudios han descubierto que la zona de nuestro cerebro que organiza la recepción de texto es la misma que nos permite discernir formas y distancias; es decir que leer, desde un punto de vista fisiológico, es traducir las formas físicas del universo en representaciones imaginarias y, a la vez, espaciales. Leer es traducir materialmente la realidad del mundo en nuestra propia (...)

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