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La carrera por el tesoro ha comenzado

Fascinación por los polos

El deshielo del Océano Ártico, que va a diseñar progresivamente una nueva geografía al abrir el paso hacia Oriente, tan esperado por los navegadores, es el preludio a “El Dorado”: bajo los mares helados, el petróleo y otras riquezas esperan el momento de ser explotados. Calentamiento climático y economía liberal: ya conocemos el tema. En cambio, a menudo olvidamos que a la vez que cambia un paisaje, también existe un universo mental, una sensibilidad, que corre el riesgo de desaparecer.

por Gilles Lapouge, enero de 2011

Y si el polo desapareciera? Nos quedaríamos afligidos. ¡Hace tanto que nos conocemos, el polo y nosotros! ¡Hemos hecho tantas cosas juntos! En nuestros cuadernos de la escuela ya nos gustaba ubicarlo, calculando amorosamente su posición con ayuda de nuestras escuadras y compases. Una vez que lo encontrábamos, podíamos agregar los trópicos y el ecuador, las rosas de los vientos y las rutas náuticas, toda una pequeña serie de geometrías extraídas del cosmos y encargadas de conjurar el inquietante desorden de la geografía. El polo, el eje del mundo, era ese lugar ausente que encerraba nuestro globo terrestre, que garantizaba su elegancia y solidez, como un broche ata y embellece los pliegues de una toga.

Hoy, los polos se ven amenazados. No los polos en sí mismos –no es fácil suprimir lo que no existe–, sino los paisajes blancos cuyo centro constituyen. El Polo Norte está en peligro. Sus glaciares se (...)

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