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Entre Washington y los talibanes, ambigüedades de Pakistán

Ante el fracaso de las operaciones militares en Afganistán, Robert Gates, secretario norteamericano de Defensa, ha puesto en duda, a mediados de enero, las ayudas a los combatientes talibanes en el territorio paquistaní. Poco después, Pervez Moucharraf ha anunciado la destrucción de tres de sus campos de entrenamiento en la zona tribal fronteriza. Ante la proximidad de comicios electorales importantes, el general presidente paquistaní trata de moderar a los grupos islamistas sin contrariar a Estados Unidos.

por Jean-Luc Racine, febrero de 2007

En Pakistán, 2007 será un año electoral. El mandato del general Pervez Musharraf, al igual que el del Parlamento y el de las asambleas provinciales, caducará ese otoño. Independientemente de lo que se pueda pensar sobre el nivel de probidad de esas consultas electorales, el triple ejercicio plantea una cuestión de fondo, que se debate desde hace mucho en el país: ¿qué tipo de relación debe mantener el poder militar con la oposición parlamentaria? ¿No es hora de que el jefe de Estado, de ser reelegido, abandone el uniforme de jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, y de rehabilitar la oposición democrática, cuyos líderes viven en el exilio?

Además, en las filas de la oposición parlamentaria hay actualmente fuerzas del islam político, fachada constitucional de un islamismo radical armado, durante mucho tiempo instrumentalizado por los militares, pero que se volvió blanco de la retórica presidencial, ya que el general (...)

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