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DANCEHALLPARA SALIR DE LA POBREZA

Crónica de un sueño jamaicano

Pocos jamaicanos piensan que el nuevo plan de ajuste estructural que su país ha negociado actualmente con el Fondo Monetario Internacional (el decimocuarto desde 1977) les sacará de la miseria. La industria musical suscita una mayor esperanza, a riesgo de tener que aceptar todo tipo de sacrificios para tratar de acceder a la gloria.

por Romain Cruse, noviembre de 2012

Mocasines impecables, pantalón color alabastro, camisa inmaculada y gorra blanca, Courtney es un desafío viviente al polvo de la capital, una de las más calurosas y secas del Caribe. En Kingston, se puede ser pobre y digno. El swag –la apariencia– cuenta aún más cuando uno quiere llegar a ser, algún día, una estrella del dancehall (ver recuadro "Del ’grito de la bodega’ a los gemidos del gueto").

Este término, que literalmente significa “pista de baile”, designa un género musical surgido en la década de 1980. De manera más general se trata de un sinónimo de “música jamaicana”, lo que engloba por extensión todas las prácticas vinculadas a su producción y a su consumo, desde los estilos de indumentaria hasta los grupos de baile, pasando por los sound system. Courtney canta, y se prepara para grabar un nuevo tema.

Courtney no se tutea con la gloria: su única familia es (...)

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