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De la nación ciudadana a la nación cultural

Anti-Ilustrados de todo el mundo...

El respeto por las identidades y sus culturas, la desconfianza hacia las ideologías de progreso, la crítica del racionalismo y su pretensión de universalidad: éstas son características de una sensibilidad política contemporánea que difícilmente pueden situarse en el tablero político. Esta corriente nació en el siglo XVIII para oponerse a la concepción de individuo autónomo, actor de sus propias decisiones, que constituye el principio mismo de la democracia.

por Zeev Sternhell, enero de 2011

La guerra contra los valores de la Ilustración sigue vigente en nuestros días y tiene tanta determinación como la que tuvo durante los dos siglos anteriores, pues las grandes preguntas a las que se enfrentaron los filósofos del siglo XVIII hoy siguen siendo centrales: ¿una sociedad representa un cuerpo, un organismo vivo, o apenas un conjunto de ciudadanos? ¿En qué punto reside la identidad nacional? ¿Una comunidad nacional se define en términos políticos y jurídicos, o más bien en función de una historia y una cultura? ¿Y cuál es, entonces, el peso de la religión en la cultura? ¿Qué tiene más importancia en la vida de los hombres: lo que es común a todos o lo que los separa? Por otra parte, el mundo tal como existe, ¿es el único posible? ¿Un cambio en el orden social vigente constituye un objetivo legítimo o es garantía de desastre? Por supuesto, las (...)

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